Yo me quedo aquí
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Sergio decidió dejar su trabajo en Barcelona, con más de un millón de habitantes, para vivir en Las Rinconadas (Cuenca), ¡con solo 30 habitantes! En esta aventura no está solo: le acompañan su esposa y sus hijos, y todos están encantados con el cambio. Además, Sergio no para: trabaja en el campo, es juez de paz y está al frente de varias iniciativas que luchan contra la despoblación de estos pequeños paraísos castellanomanchegos.
Bea es de Almagro, pero el amor y una mejor oportunidad de negocio la llevó hasta La Fuencaliente, una aldea de 20 habitantes perteneciente al municipio de Malagón (Ciudad Real). Bea y su marido eligieron la aldea para abrir su fábrica de material ganadero porque los terrenos eran más económicos. Desde entonces el negocio les va bien y han decidido diversificarse fabricando también estufas de biomasa, más ecológicas que las tradicionales.
Sonia dejó Madrid siendo una veinteañera para reconstruir y darle una nueva vida a Hontanillas (Guadalajara), un pueblo abandonado en los años 60. Ella, junto a otro compañero, son los únicos habitantes permanentes de esta aldea perteneciente al municipio de Pareja. Juntos han reconstruido distintas casas y calles de un pueblo que tenía iglesia, escuela y molino de aceite y que ahora revive gracias a este proyecto neorrural.
Visitamos la localidad toledana de Arcicóllar para conocer a Laura, que es de Madrid y allí estudió Biología. La familia de su novio, Guillermo, tenía un antiguo olivar aquí. A partir de ahí, surgió la idea de dejar la ciudad y emprender en el mundo rural. Laura y Guillermo son dos jóvenes dedicados a la producción ecológica de vino y aceite. El pueblo les dio una oportunidad laboral y en el pueblo han formado su propia familia.
En la localidad albaceteña de Alborea, conoceremos a David, que siempre había ayudado a su padre en la fragua, pero que con 18 años se fue a estudiar Ciencias Ambientales a Valencia y, al finalizar la carrera, decidió regresar a su pueblo y dedicarse, para sorpresa de su padre, a lo que más le gustaba: el hierro y la fragua. David mantiene vivo en su pueblo un oficio tradicional como es el de herrero.
Visitamos el municipio ciudadrealeño de Las Labores. Manuel Ferreira llegó a Las Labores hace cuatro décadas procedente de Portugal con un sueño: montar su propio centro hípico en este pueblo de castellanomanchego. Y su sueño se ha cumplido. Manuel ha convertido su pasión por los caballos en su profesión.
Antonio ha convertido la pequeña carnicería que fundó su madre en los 70 en una potente industria cárnica que exporta a todo el mundo. Y todo sin salir de su pueblo, El Ballestero. Su objetivo es llevar las recetas tradicionales de las matanzas manchegas, las que hacía su abuela, a las mesas actuales con el mismo sabor de entonces.